Ante un mundo que no puede funcionar sin la energía proveniente del petróleo, es lógico suponer las ansias y voracidad de los países del llamado primer mundo para apoderarse de este vital recurso; porque lo otro sería correr el riesgo de la paralización de sus grandes emporios industriales, eléctricos, bélicos, nucleares, automotriz, cibernéticos, farmacéuticos, comunicacionales y culturales.
Las grandes potencias, utilizan entonces, dos grandes directrices estratégicas para garantizar el suministro permanente del “oro negro” o el “excremento del diablo”, como lo llamó el padre de la OPEP, el venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo: la negociación con los países productores de este recurso no renovable o la aplicación del arte de la guerra, sin importarles las consecuencias en pérdidas de vidas humanas, materiales y ambientales.
En consecuencia, querámoslo o no, todos los países que cuentan con esa riqueza envidiable en sus subsuelos, tendrán la espada de Damocles apuntándoles siempre en su corazón, con el dilema presente de la vida o la muerte. Y con ello entran en juego también los simbolismos culturales, valores y principios de cada país. O los que son acogidos, mediante leyes y convenios, en el concierto internacional; los cuales deben ser respetados.
De esta manera, por ejemplo, los países miembros de la OPEP, han inclinado la balanza hacia la negociación, en un manejo inteligente y equilibrado de la producción y precios del petróleo; garantizando de esta forma el mayor bienestar y desarrollo posible para los ciudadanos de esas naciones.
Quizás por ello, la ideologización o prédica excesiva a nombre de un supuesto “antiimperialismo” suena cacofónico, habida cuenta de los negocios subterráneos entre algunos países miembros de la OPEP y las grandes potencias. Así, en la Libia del llamado adalid de la “Revolución Verde”, Gadafi, éste ha firmado suculentos convenios con las transnacionales petroleras; siendo los contenidos de éstos, las principales fuentes de privilegios del modelo autocrático que lo ha mantenido en el poder por más de 42 años, aún cuando en la retórica de ocasión ante los nacionales y el mundo, sea un contumaz antiimperialista.
Otro personaje que debe haber superado el record Guinness con el uso desmedido de la retórica antiimperialista, es el Chávez de Venezuela; pero, en contrasentido, firmó una serie de convenios leoninos en materia petrolera con las transnacionales, cuyos contenidos son pocos conocidos. Pero lo que sí se sabe es que las menores ganancias son para la nación y la mayor tajada para las compañías petroleras; a cambio Chávez ya lleva 12 años en el poder, yendo de reelección en reelección, con la esperanza no disimulada de tratar de arrebatarle el histórico primer lugar al Fidel de Cuba, quien ha permanecido 52 años gobernando.
En síntesis: el ropaje antiimperialista, “de la boca hacia afuera”, da sus dividendos políticos y; “hacia adentro”, el “proimperialismo”, abulta los bolsillos de la élite involucrada. ¡Que “negoción”!
sábado, 9 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
¿MACROECONOMÍA CONTRA CALIDAD DE VIDA?
Con “bombos y platillos” los Ministros de la Economía del Gabinete de Esteban anunciaron que Venezuela ya está en el umbral del despegue económico, pronosticando que el fulano Producto Interno Bruto (PIB) crecerá este año entre un 3 y 4%. Explicaron que ese impulso se debe a la manufactura, al comercio y a la construcción. A este último indicador, por cierto lo “adelantaron” porque estaría arrojando cifras en pro del empleo, a propósito de los anuncios presidenciales de un esfuerzo extraordinario del Estado para paliar la crisis de la construcción en materia de viviendas.
También señalaron, de una manera muy especial, que dicho crecimiento se debía a las grandes inversiones del ente estatal a favor de las políticas y programas sociales por un monto de 330 mil millones de dólares. Y para no quedarse cortos afirmaron que en materia de inflación, ésta tendería a reducirse y alcanzar un techo entre un 23% a 25% al culminar este año 2011.
Antes estos anuncios oficiales, a uno comienza a generársele un cúmulo de dudas, porque una cosa son las estadísticas y cifras frías y, otra cosa es la dramática realidad en que viven los venezolanos hoy. Porque, incluso, la rueda de prensa de los referidos Ministros se dio en un ambiente nacional de intensa conflictividad social: huelga de hambre y con la boca cosida de los trabajadores de la salud para exigir derechos laborales denegados. Protestas de múltiples comunidades por seguridad, servicio de agua, drenajes, vivienda, vialidad y alumbrado. O en medio de una obscurana del país por los apagones programados y no programados ante el colapso del sistema eléctrico nacional.
O las protestas generalizadas en toda la geografía nacional de los trabajadores públicos, empresas básicas de Guayana y Pdvsa, por la exigencia de cancelación de prestaciones sociales, cláusulas contractuales y demás beneficios de ley. Amén de las protestas casi a diarios de los docentes, estudiantes y trabajadores universitarios ante las insuficiencias presupuestarias; se ponga fin al no cumplimiento de las obligaciones laborales y que se facilite con recursos las inversiones requeridas en investigación, docencia y extensión.
A los venezolanos los Ministros de la Economía no podrán engañarlos o manipularlos con los números macroeconómicos de la conveniencia política o para venderle la ilusión de la felicidad futura, porque cuando éstos van al mercado, la farmacia, tiendas de calzado y vestido o pagar las facturas de electricidad, agua y teléfono; los precios de los productos y servicios aparecen modificados constantemente con cifras hacia arriba, sin los anuncios públicos respectivos o posibilidad de reclamo justo.
De esta manera, en el seno de las multitudes la gente sentencia públicamente: ¡si esto es el “socialismo”, que fraude Dios mío!
También señalaron, de una manera muy especial, que dicho crecimiento se debía a las grandes inversiones del ente estatal a favor de las políticas y programas sociales por un monto de 330 mil millones de dólares. Y para no quedarse cortos afirmaron que en materia de inflación, ésta tendería a reducirse y alcanzar un techo entre un 23% a 25% al culminar este año 2011.
Antes estos anuncios oficiales, a uno comienza a generársele un cúmulo de dudas, porque una cosa son las estadísticas y cifras frías y, otra cosa es la dramática realidad en que viven los venezolanos hoy. Porque, incluso, la rueda de prensa de los referidos Ministros se dio en un ambiente nacional de intensa conflictividad social: huelga de hambre y con la boca cosida de los trabajadores de la salud para exigir derechos laborales denegados. Protestas de múltiples comunidades por seguridad, servicio de agua, drenajes, vivienda, vialidad y alumbrado. O en medio de una obscurana del país por los apagones programados y no programados ante el colapso del sistema eléctrico nacional.
O las protestas generalizadas en toda la geografía nacional de los trabajadores públicos, empresas básicas de Guayana y Pdvsa, por la exigencia de cancelación de prestaciones sociales, cláusulas contractuales y demás beneficios de ley. Amén de las protestas casi a diarios de los docentes, estudiantes y trabajadores universitarios ante las insuficiencias presupuestarias; se ponga fin al no cumplimiento de las obligaciones laborales y que se facilite con recursos las inversiones requeridas en investigación, docencia y extensión.
A los venezolanos los Ministros de la Economía no podrán engañarlos o manipularlos con los números macroeconómicos de la conveniencia política o para venderle la ilusión de la felicidad futura, porque cuando éstos van al mercado, la farmacia, tiendas de calzado y vestido o pagar las facturas de electricidad, agua y teléfono; los precios de los productos y servicios aparecen modificados constantemente con cifras hacia arriba, sin los anuncios públicos respectivos o posibilidad de reclamo justo.
De esta manera, en el seno de las multitudes la gente sentencia públicamente: ¡si esto es el “socialismo”, que fraude Dios mío!
¿SOBERANÍA, DESPRECIANDO A LOS NACIONALES?
Con la crisis crónica de los servicios públicos (electricidad, agua, transporte, aseo urbano, drenaje y vialidad) y, por supuesto, de aquellos servicios considerados básicos (salud y educación, cultura y deporte); seguridad y defensa (lo militar, servicios secretos); pone en evidencia de que algo de fondo está podrido en Dinamarca o, más bien hay que hurgar en el contenido de las convicciones de la élite que gobierna a Venezuela, especialmente del huésped de Miraflores, en relación a considerar a los venezolanos de “incapaces” y a los cubanos, chinos, rusos e iraníes como los “cerebros” por su supuesta sólida formación técnica, gerencial, experiencial y hasta en lo “ideo-político”.
Alguien podría pensar que lo dicho es una mera especulación y porque hasta a uno mismo se le presentaban ciertas dudas, especialmente por el fuerte contenido “nacionalista” y de “defensa a ultranza de la soberanía nacional” que afloran en los discursos frecuentes de los actores del protagonismo socio-político del poder absoluto en la estructura del Estado, no de una Venezuela que se desarrolla integralmente y avanza en el concierto internacional; sino más bien de un país que uno observa va directo al “barranco”, como suelen decir los venezolanos de a pie.
Una prueba irrefutable de ese desprecio por los recursos humanos venezolanos, es el hecho de que progresiva y sostenidamente en las áreas claves señaladas, los nacionales han venido siendo desplazados, obedeciendo a un plan estratégico bien calculado, por aquel personal proveniente de las nacionalidades antes dichas, especialmente del componente cubano. Por eso, se les observa tomando decisiones y generando sus propios planes en los espacios institucionales que han venido ocupando, con la venia complaciente del amo del poder en el país.
Esta afirmación anterior, encuentra también asidero, en la concepción del manejo del poder de Esteban, quién calcula que sea hasta que el reloj biológico se apague y venga en sustitución de él otro miembro del clan familiar. Por lo cual el “poder obediencial” es mejor cultivarlo con recursos humanos prestados de otras nacionalidades; y no así con los espíritus rebeldes de los venezolanos, cuya herencia histórica de los próceres, con el mismo Libertador Simón Bolívar a la cabeza, es del ser nacional “crítico”, “autónomo”, “independiente”; y no servil e incondicional, mucho menos a causas en pro de un entreguismo solapado de la república.
Ese desprecio a los nacionales está allí a flor de piel, cuando éstos se ven obligados a utilizar los recursos más extremos en las formas de luchas para que le sean reconocidos sus derechos de ley, o cuando se intenta asfixiar económicamente a las universidades autónomas, porque como es sabido por todos, de su seno han salido lo mejor de la inteligencia nacional, esa que ha brindado a la nación tiempos de gloria en la investigación científica, académica, intelectual y, en los saberes acumulados para contribuir resolver los problemas neurálgicos que agobian a los venezolanos provenientes de las distintos estratos sociales y formas plurales de pensar.
Alguien podría pensar que lo dicho es una mera especulación y porque hasta a uno mismo se le presentaban ciertas dudas, especialmente por el fuerte contenido “nacionalista” y de “defensa a ultranza de la soberanía nacional” que afloran en los discursos frecuentes de los actores del protagonismo socio-político del poder absoluto en la estructura del Estado, no de una Venezuela que se desarrolla integralmente y avanza en el concierto internacional; sino más bien de un país que uno observa va directo al “barranco”, como suelen decir los venezolanos de a pie.
Una prueba irrefutable de ese desprecio por los recursos humanos venezolanos, es el hecho de que progresiva y sostenidamente en las áreas claves señaladas, los nacionales han venido siendo desplazados, obedeciendo a un plan estratégico bien calculado, por aquel personal proveniente de las nacionalidades antes dichas, especialmente del componente cubano. Por eso, se les observa tomando decisiones y generando sus propios planes en los espacios institucionales que han venido ocupando, con la venia complaciente del amo del poder en el país.
Esta afirmación anterior, encuentra también asidero, en la concepción del manejo del poder de Esteban, quién calcula que sea hasta que el reloj biológico se apague y venga en sustitución de él otro miembro del clan familiar. Por lo cual el “poder obediencial” es mejor cultivarlo con recursos humanos prestados de otras nacionalidades; y no así con los espíritus rebeldes de los venezolanos, cuya herencia histórica de los próceres, con el mismo Libertador Simón Bolívar a la cabeza, es del ser nacional “crítico”, “autónomo”, “independiente”; y no servil e incondicional, mucho menos a causas en pro de un entreguismo solapado de la república.
Ese desprecio a los nacionales está allí a flor de piel, cuando éstos se ven obligados a utilizar los recursos más extremos en las formas de luchas para que le sean reconocidos sus derechos de ley, o cuando se intenta asfixiar económicamente a las universidades autónomas, porque como es sabido por todos, de su seno han salido lo mejor de la inteligencia nacional, esa que ha brindado a la nación tiempos de gloria en la investigación científica, académica, intelectual y, en los saberes acumulados para contribuir resolver los problemas neurálgicos que agobian a los venezolanos provenientes de las distintos estratos sociales y formas plurales de pensar.
miércoles, 6 de abril de 2011
AL MERCADO SIN LA CESTA
Uno forma parte de esos incontables venezolanos que le corresponde ir al mercado con la frecuencia del ritmo de la vida actual o, mejor cuando el pote de los ingresos familiares se lo permite. Habida cuenta de pertenecer a un modesto hogar de clase media, que se debate en romper el filo de la navaja, no hacia otro escalafón hacia arriba en el seno de la estructura socio-económica de la sociedad venezolana; sino más bien inclinando el rumbo hacia abajo, a la cacareada “proletarización”; que en fin de cuentas es uno de los propósitos anhelados del máximo jerarca de Miraflores de “igualarnos” a todos los nacionales, para que formemos parte de esta última categoría, que todavía conserva el olor anacrónico del barbudo y polémico Marx.
En consecuencia, uno no forma parte de la legión de los “echa cuentos”, como sí lo está el Esteban de Barinas o cualquiera de los Ministros que componen su ilustre gabinete, porque ellos –además- cuentan con un personal pagado para esos menesteres, con recursos propios del estado venezolano. La diferencia, entonces, entre la realidad del que va al mercado de compras por obligación y el contenido de los “cuenta cuentos mediáticos”, es abismal.
De tal manera que los modestos trabajadores que acudimos a cualquier mercado del país para adquirir los productos de la denominada “cesta básica”, ya llevamos un “tiro en el ala” como se expresa en el argot popular, porque tenemos años sin recibir los beneficios de una nueva contratación colectiva o en el peor de los casos, los vigentes convenios laborales, son violados sistemáticamente, cuando es el mismo Estado que se encarga de no reconocer los derechos consagrados en éstos. A tal punto, como se ha puesto en evidencia en estos días, que los trabajadores con acciones extremas (huelgas de hambre y coserse la boca) han obligado a la élite del poder en Venezuela, a firmar acuerdos de compromisos para reconocer lo que la misma ley y contratos colectivos establecen.
Así, aún cuando usted lleve el listado de los productos que integran la “cesta básica”, se ve obligado a reducirlo a lo estrictamente necesario, porque la inflación galopa como esos caballos silvestres en las sabanas de Apure, con un índice acumulado cercano al 30%, según las estadísticas del BCV. No obstante, en cada visita al mercado, uno se da cuenta de que estas cifras se quedan cortas, cuando en cada semana hay aumentos en las carnes, hortalizas, frutas y verduras. Amén de la escasez de leche, aceite, toallas sanitarias, café y otros. Y el gobierno, haciendo gala de su capacidad para el engaño, también aumenta solapadamente las tarifas de la electricidad, agua y teléfono. O se hace el loco con el alza en otros renglones (salud, educación, vestido y calzado, alquileres, transporte y otros rubros).
La situación planteada, señala como una tremenda falacia que marchamos hacia el mundo de una supuesta felicidad “revolucionaria” y “socialista”; al contrario el empobrecimiento mayor de la población está llevando a ésta a movilizarse, organizarse y a utilizar las más inéditas formas de lucha para enfrentar a estas políticas que, en nada se les debe envidiar a las utilizadas por aquellos regímenes socio-políticos, cuya naturaleza es propia del más rancio paradigma y odioso Capitalismo de Estado “salvaje”.
En consecuencia, uno no forma parte de la legión de los “echa cuentos”, como sí lo está el Esteban de Barinas o cualquiera de los Ministros que componen su ilustre gabinete, porque ellos –además- cuentan con un personal pagado para esos menesteres, con recursos propios del estado venezolano. La diferencia, entonces, entre la realidad del que va al mercado de compras por obligación y el contenido de los “cuenta cuentos mediáticos”, es abismal.
De tal manera que los modestos trabajadores que acudimos a cualquier mercado del país para adquirir los productos de la denominada “cesta básica”, ya llevamos un “tiro en el ala” como se expresa en el argot popular, porque tenemos años sin recibir los beneficios de una nueva contratación colectiva o en el peor de los casos, los vigentes convenios laborales, son violados sistemáticamente, cuando es el mismo Estado que se encarga de no reconocer los derechos consagrados en éstos. A tal punto, como se ha puesto en evidencia en estos días, que los trabajadores con acciones extremas (huelgas de hambre y coserse la boca) han obligado a la élite del poder en Venezuela, a firmar acuerdos de compromisos para reconocer lo que la misma ley y contratos colectivos establecen.
Así, aún cuando usted lleve el listado de los productos que integran la “cesta básica”, se ve obligado a reducirlo a lo estrictamente necesario, porque la inflación galopa como esos caballos silvestres en las sabanas de Apure, con un índice acumulado cercano al 30%, según las estadísticas del BCV. No obstante, en cada visita al mercado, uno se da cuenta de que estas cifras se quedan cortas, cuando en cada semana hay aumentos en las carnes, hortalizas, frutas y verduras. Amén de la escasez de leche, aceite, toallas sanitarias, café y otros. Y el gobierno, haciendo gala de su capacidad para el engaño, también aumenta solapadamente las tarifas de la electricidad, agua y teléfono. O se hace el loco con el alza en otros renglones (salud, educación, vestido y calzado, alquileres, transporte y otros rubros).
La situación planteada, señala como una tremenda falacia que marchamos hacia el mundo de una supuesta felicidad “revolucionaria” y “socialista”; al contrario el empobrecimiento mayor de la población está llevando a ésta a movilizarse, organizarse y a utilizar las más inéditas formas de lucha para enfrentar a estas políticas que, en nada se les debe envidiar a las utilizadas por aquellos regímenes socio-políticos, cuya naturaleza es propia del más rancio paradigma y odioso Capitalismo de Estado “salvaje”.
martes, 5 de abril de 2011
"APAGONES" DE LA DESESPERANZA
Pasados 12 años de gestión gubernamental de la élite que tiene en sus manos la rienda absoluta del poder en Venezuela; se considera que ha transcurrido el tiempo suficiente para evaluar los resultados de ésta, por ejemplo, del por qué el fracaso en materia de electricidad y por qué no son inventos de los “opositores” o inyecciones de supuesto veneno en la mente de los ciudadanos el hecho de que, los medios denuncien e informen en relación al tema, como solapadamente lo afirmó, el Ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica, Alí Rodríguez. Acuñando -además- que la intencionalidad de los adversarios del gobierno era la de generar “desesperanza” en la población.
Así mismo, días antes el Ministro Alí, expresó que la crisis estaba íntimamente ligada al consumo de electricidad en el país, que la demanda superaba la oferta en esta materia. Es decir, claramente estaba diciendo que el gran culpable de los “apagones” en cualquier rincón de la geografía nacional era la misma población, por sus excesos. De esta manera uno puede predecir, que la matriz de opinión, que cultivará el gobierno hasta más no poder es esa. Y en consecuencia, éste nada tiene que ver con la crisis; se lava las manos como Pilatos.
También, sin duda, aflorarán las repetitivas y cansonas denuncias de supuestos “saboteos” y “planes desestabilizadores”, donde a la oposición y críticos les caería el mayor peso de los señalamientos de “culpabilidad” o, como siempre hará su aparición el inefable “imperialismo gringo”. Habrá que prepararse, de igual modo - me refiero a los oídos y la capacidad de resistencia- ante la ofensiva mediática en “cadenas nacionales” por la andanada de descalificaciones, groserías e insultos hacia los actores señalados. ¡Culpables! ¡A la cárcel! ¡Apátridas, pitiyanquis!; y pare usted de contar.
Es imposible que la élite que gobierna pueda evadir su responsabilidad, por ejemplo, en el ámbito de mantenimiento del sistema nacional de electricidad, las inversiones en nuevas plantas, equipos, cableado y tecnología moderna que nunca se hicieron; o por la falta de planes y programas que jamás se ejecutaron en concordancia con el crecimiento y demanda de la población nacional. Así una muestra: en Anzoátegui, concretamente en Puerto La Cruz, se comenzó a construir, hace años, una Planta termoeléctrica para 300 megavatios y debió ser entregada en el 2OO7; pero hasta la fecha eso no ha ocurrido, teniendo un avance de apenas el 50% (Diario Región 5/4/11). Este testimonio es extrapolable a todo el país.
Esteban, entonces, ya no podrá responsabilizar tampoco al “fenómeno del niño” o a la crisis de almacenamiento de agua del Guri por la sequía. La verdad, como ese sol que brilla en la época de Semana Santa, se encargará de enrostrarle que, con las mentiras y falsedades, mirando el horizonte de la culminación de su gestión; ésta no tiene esperanza de volver a repetirse. El pueblo se está curando en salud. ¡Jamás podrá ser nuevamente engañado!
Así mismo, días antes el Ministro Alí, expresó que la crisis estaba íntimamente ligada al consumo de electricidad en el país, que la demanda superaba la oferta en esta materia. Es decir, claramente estaba diciendo que el gran culpable de los “apagones” en cualquier rincón de la geografía nacional era la misma población, por sus excesos. De esta manera uno puede predecir, que la matriz de opinión, que cultivará el gobierno hasta más no poder es esa. Y en consecuencia, éste nada tiene que ver con la crisis; se lava las manos como Pilatos.
También, sin duda, aflorarán las repetitivas y cansonas denuncias de supuestos “saboteos” y “planes desestabilizadores”, donde a la oposición y críticos les caería el mayor peso de los señalamientos de “culpabilidad” o, como siempre hará su aparición el inefable “imperialismo gringo”. Habrá que prepararse, de igual modo - me refiero a los oídos y la capacidad de resistencia- ante la ofensiva mediática en “cadenas nacionales” por la andanada de descalificaciones, groserías e insultos hacia los actores señalados. ¡Culpables! ¡A la cárcel! ¡Apátridas, pitiyanquis!; y pare usted de contar.
Es imposible que la élite que gobierna pueda evadir su responsabilidad, por ejemplo, en el ámbito de mantenimiento del sistema nacional de electricidad, las inversiones en nuevas plantas, equipos, cableado y tecnología moderna que nunca se hicieron; o por la falta de planes y programas que jamás se ejecutaron en concordancia con el crecimiento y demanda de la población nacional. Así una muestra: en Anzoátegui, concretamente en Puerto La Cruz, se comenzó a construir, hace años, una Planta termoeléctrica para 300 megavatios y debió ser entregada en el 2OO7; pero hasta la fecha eso no ha ocurrido, teniendo un avance de apenas el 50% (Diario Región 5/4/11). Este testimonio es extrapolable a todo el país.
Esteban, entonces, ya no podrá responsabilizar tampoco al “fenómeno del niño” o a la crisis de almacenamiento de agua del Guri por la sequía. La verdad, como ese sol que brilla en la época de Semana Santa, se encargará de enrostrarle que, con las mentiras y falsedades, mirando el horizonte de la culminación de su gestión; ésta no tiene esperanza de volver a repetirse. El pueblo se está curando en salud. ¡Jamás podrá ser nuevamente engañado!
lunes, 4 de abril de 2011
DERROCHE, CORRUPCIÓN Y DERECHOS CIUDADANOS
Quien haya tenido la oportunidad de viajar a otros países, especialmente de América Latina, se habrá podido dar cuenta de que el Estado venezolano proyecta la imagen de ser un ente derrochador con los petrodólares provenientes del “oro negó”. Así fue en la IV República y, ahora en la V República esa conducta supera los límites de cualquier racionalidad administrativa. De esta forma, al benemérito actual de Miraflores lo llaman “Don Regalón”, porque con las chequeras en el bolsillo, al símil de los “príncipes de los cuentos de hadas”, reparte dólares y más dólares a cuanto proyecto socio-económico necesario o no, se le atraviese por el camino.
De esta manera en el ayer, Carlos Andrés Pérez, el entonces Presidente de Venezuela, regaló un barco a Bolivia, aún cuando ese país hermano carecía y carece de salida al mar; pero se trataba de apuntalar el liderazgo internacional del “hombre que camina”, como rezaba su principal consigna populista. Hoy el Esteban de Barinas, con un perfil genuinamente autocrático y unas ansias desproporcionadas de ocupar un sitial en la historia universal regala de todo; a tal punto que hasta la réplica de la espada sagrada del Libertador Simón Bolívar, le obsequió al déspota y genocida Gadafi. Amén de que acaba de donar 10 millones de dólares a un Hospital Universitario de Uruguay y 250 millones de dólares a Chile por ayuda humanitaria. O aquello de continuar concediéndole combustible, a precio barato, a los “pobres” de la primera potencia del mundo, los EEUU. ¡Derroche y más derroche pareciera ser la consigna en estos 12 años de ejercicio en el poder!
Así mismo, la madeja de la corrupción en el país sigue sin cesar tejiendo escándalos tras escándalos, donde funcionarios de alto nivel en el seno del Estado, en estrecha alianza con sectores privados “rojitos” que se les denomina “boliburgueses”; han amasado grandes fortunas, a través de la ejecución de grandes negocios en materia de seguridad alimentaria, petróleo y derivados; bancos y servicios públicos; entre otros (alimentos podridos de Pdval, Fondo de pensiones de jubilados y pensionados de Pdvsa).
De sumar las cifras de lo que ha perdido la nación por las conductas derrochadoras y corruptas de la élite que ejerce el poder; ya estuviésemos hace tiempo coronándonos de éxito en el cumplimiento de las metas del milenio para reducir la pobreza, establecidas por la ONU. O los estudiantes y profesores de las universidades venezolanas; trabajadores de las industrias básicas de Guayana, petroleros y salud; no estuviesen que recurrir a la huelga de hambre o coserse la boca para conquistar reivindicaciones socio-económicas o para exigir respeto a derechos consagrados en la Constitución Nacional y leyes de la república.
Es decir, al estilo “bizarro”, el gobierno actual dizque “socialista” y “revolucionario”, se muestra muy dado a las conductas del despilfarro y la corrupción; pero soberbio, prepotente y pichirre para con el pueblo y los trabajadores. La lucha, sin tregua, por un mejor país luce indetenible y con un gran futuro promisorio de bienestar en democracia.
De esta manera en el ayer, Carlos Andrés Pérez, el entonces Presidente de Venezuela, regaló un barco a Bolivia, aún cuando ese país hermano carecía y carece de salida al mar; pero se trataba de apuntalar el liderazgo internacional del “hombre que camina”, como rezaba su principal consigna populista. Hoy el Esteban de Barinas, con un perfil genuinamente autocrático y unas ansias desproporcionadas de ocupar un sitial en la historia universal regala de todo; a tal punto que hasta la réplica de la espada sagrada del Libertador Simón Bolívar, le obsequió al déspota y genocida Gadafi. Amén de que acaba de donar 10 millones de dólares a un Hospital Universitario de Uruguay y 250 millones de dólares a Chile por ayuda humanitaria. O aquello de continuar concediéndole combustible, a precio barato, a los “pobres” de la primera potencia del mundo, los EEUU. ¡Derroche y más derroche pareciera ser la consigna en estos 12 años de ejercicio en el poder!
Así mismo, la madeja de la corrupción en el país sigue sin cesar tejiendo escándalos tras escándalos, donde funcionarios de alto nivel en el seno del Estado, en estrecha alianza con sectores privados “rojitos” que se les denomina “boliburgueses”; han amasado grandes fortunas, a través de la ejecución de grandes negocios en materia de seguridad alimentaria, petróleo y derivados; bancos y servicios públicos; entre otros (alimentos podridos de Pdval, Fondo de pensiones de jubilados y pensionados de Pdvsa).
De sumar las cifras de lo que ha perdido la nación por las conductas derrochadoras y corruptas de la élite que ejerce el poder; ya estuviésemos hace tiempo coronándonos de éxito en el cumplimiento de las metas del milenio para reducir la pobreza, establecidas por la ONU. O los estudiantes y profesores de las universidades venezolanas; trabajadores de las industrias básicas de Guayana, petroleros y salud; no estuviesen que recurrir a la huelga de hambre o coserse la boca para conquistar reivindicaciones socio-económicas o para exigir respeto a derechos consagrados en la Constitución Nacional y leyes de la república.
Es decir, al estilo “bizarro”, el gobierno actual dizque “socialista” y “revolucionario”, se muestra muy dado a las conductas del despilfarro y la corrupción; pero soberbio, prepotente y pichirre para con el pueblo y los trabajadores. La lucha, sin tregua, por un mejor país luce indetenible y con un gran futuro promisorio de bienestar en democracia.
sábado, 2 de abril de 2011
PODER DEL ESTADO CENTRALISTA CONTRA LOS CIUDADANOS
La utopía “revolucionaria” y “socialista” de los teóricos marxistas de crear un nuevo modelo de estado y sociedad; ha quedado reducido a las cenizas de la Libia de Gadafi, la Cuba de Fidel y a la Venezuela de Chávez. Porque China y Vietnam, por ejemplo, desde hace tiempo andan abrazados al llamado modelo socio-político del “socialismo de mercado¨ (mitad socialista, mitad capitalista).
Cada paradigma, con cada una de sus particularidades y explicaciones acomodaticias del por qué han echado a un lado al proletariado, campesinado, indígenas y a los demás excluidos de siempre; lo que ha permitido es la prevalencia de una élite autocrática, “pequeña burguesa”, privilegiada, burocratizada, corrupta e inepta; bajo una dirección política unipersonal, absolutista y caprichosa de un caudillo “militarista”, con varios años en el ejercicio del poder central del Estado.
Las consignas comunes de revoluciones “populares, democráticas y antiimperialistas” quedaron para la retórica de los discursos de ocasión, porque su praxis política refleja todo lo contrario. Y es imposible que puedan esconderse a estas alturas, los fracasos estruendosos en materia económica, social, democracia directa y participativa; derechos humanos, libertades públicas, moral y ética. Amén de la pobreza estructural que, como látigo en los rostros, deja al desnudo las desigualdades sociales, injusticias, carencias y graves entuertos en las condiciones materiales y calidad de vida de los ciudadanos que habitan en esos países.
La participación social, en el caso de Venezuela, se restringió a la presencia impositiva de grupos de la población a los actos oficiales o para la alabanza obligatoria al autócrata que ejerce el poder absoluto y; los ciudadanos no tienen una real participación en la toma de decisiones y control de la gestión pública.
Así en el ámbito socio-económico, en la fase de transición hacia el supuesto modelo “socialista”, donde a las mayorías se le ofrece “seguridad alimentaria”; en los mercados, abastos y supermercados lo que reina es la escasez de productos básicos, altos precios, la especulación y la anomia. Verbigracia las serias limitaciones en cantidad y calidad de aquellos productos que se logran conseguir.
Con las políticas de intervenciones estatales, expropiaciones y nacionalizaciones para supuestamente poner a la economía y seguridad social al servicio de las mayorías; los efectos han sido inversos, por ejemplo, en las industrias básicas de Guayana, empresas y fincas productivas; lo que campea son los despidos, la improductividad, la corrupción, el despilfarro y la desesperanza de mejoras en las condiciones de vida de las mayorías nacionales, clase media y trabajadores.
No obstante, las expresiones de protesta social que hemos observado en toda la geografía nacional, son las respuestas rebeldes, pero conscientes y voluntarias de los excluidos (trabajadores, estudiantes y comunidades) de no permitir que le sigan pisoteando sus derechos ciudadanos. Un nuevo amanecer se vislumbra en el horizonte, donde por cierto el estado todopoderoso, con su élite incondicional y caudillo; por la fuerza de la razón y derechos constitucionales, se verán obligados a ceder el espacio a un proceso inédito de mayor democracia, participación, justicia, igualdad, libertades públicas, economía productiva y ética.
Cada paradigma, con cada una de sus particularidades y explicaciones acomodaticias del por qué han echado a un lado al proletariado, campesinado, indígenas y a los demás excluidos de siempre; lo que ha permitido es la prevalencia de una élite autocrática, “pequeña burguesa”, privilegiada, burocratizada, corrupta e inepta; bajo una dirección política unipersonal, absolutista y caprichosa de un caudillo “militarista”, con varios años en el ejercicio del poder central del Estado.
Las consignas comunes de revoluciones “populares, democráticas y antiimperialistas” quedaron para la retórica de los discursos de ocasión, porque su praxis política refleja todo lo contrario. Y es imposible que puedan esconderse a estas alturas, los fracasos estruendosos en materia económica, social, democracia directa y participativa; derechos humanos, libertades públicas, moral y ética. Amén de la pobreza estructural que, como látigo en los rostros, deja al desnudo las desigualdades sociales, injusticias, carencias y graves entuertos en las condiciones materiales y calidad de vida de los ciudadanos que habitan en esos países.
La participación social, en el caso de Venezuela, se restringió a la presencia impositiva de grupos de la población a los actos oficiales o para la alabanza obligatoria al autócrata que ejerce el poder absoluto y; los ciudadanos no tienen una real participación en la toma de decisiones y control de la gestión pública.
Así en el ámbito socio-económico, en la fase de transición hacia el supuesto modelo “socialista”, donde a las mayorías se le ofrece “seguridad alimentaria”; en los mercados, abastos y supermercados lo que reina es la escasez de productos básicos, altos precios, la especulación y la anomia. Verbigracia las serias limitaciones en cantidad y calidad de aquellos productos que se logran conseguir.
Con las políticas de intervenciones estatales, expropiaciones y nacionalizaciones para supuestamente poner a la economía y seguridad social al servicio de las mayorías; los efectos han sido inversos, por ejemplo, en las industrias básicas de Guayana, empresas y fincas productivas; lo que campea son los despidos, la improductividad, la corrupción, el despilfarro y la desesperanza de mejoras en las condiciones de vida de las mayorías nacionales, clase media y trabajadores.
No obstante, las expresiones de protesta social que hemos observado en toda la geografía nacional, son las respuestas rebeldes, pero conscientes y voluntarias de los excluidos (trabajadores, estudiantes y comunidades) de no permitir que le sigan pisoteando sus derechos ciudadanos. Un nuevo amanecer se vislumbra en el horizonte, donde por cierto el estado todopoderoso, con su élite incondicional y caudillo; por la fuerza de la razón y derechos constitucionales, se verán obligados a ceder el espacio a un proceso inédito de mayor democracia, participación, justicia, igualdad, libertades públicas, economía productiva y ética.
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