Es preferible que lo señalen a uno de fastidioso ante la insistencia en el tratamiento de este tema, pero peor es callar. Y si callamos los crímenes y los delitos de diferente tenor, que ocurren a cada momento en el país, sin el concurso oportuno del sistema de justicia en Venezuela; se convertirían en rutina y la gente lo asociaría a esa especie de “nueva cultura de la violencia e inseguridad”, que impera en la sociedad y por qué no en el mismo Estado.
Las cifras rojas de homicidios que raya en los 17.600 casos en el 2010 y la tasa de 48 por 100 mil habitantes en ese mismo periodo; son para pegar el grito en el cielo de que algo sumamente grave viene ocurriendo, con un proceso increíblemente acelerado de descomposición social en el país y de que, mucho peor, las políticas, medidas preventivas y las estrategias de enfrentamiento al delito requieren de serias revisiones y rectificaciones, porque no están arrojando los frutos deseados.
Los crímenes y delitos que se cometen cada día que pasa, tienen ingredientes dantescos de alevosía y monstruosidad sin límites, como jamás se había registrado en la historia de la República. Descuartizar los cuerpos de las víctimas, acribillar a un ser humano con decenas y decenas da balas; violar a niños y a damas con saña criminal o, matar por placer luego de despojar a ciudadanos de sus pertenencias; deja a años luz los contenidos de las mejores y más impactantes películas de crímenes y terror.
Lo anterior en el fondo, es el mejor mentís de qué se está combatiendo con éxito al fenómeno estructural de la pobreza en Venezuela: el cáncer, casi de metástasis, de la violencia e inseguridad prevalente en el país. Coloca de esta forma, en el debate nacional, aquellas variables que permanecen inalterables, aquellas causales que hacen posible que explosione el referido flagelo, objeto de este escrito: el deterioro de las condiciones y calidad de vida de las mayorías nacionales.
Además, surgen interrogantes obligatorias: qué está pasando en el seno familiar con los valores, principios y normas de respeto; con la calidad de la educación formal y no formal; qué pasa en los grupos de referencias e interés; cuál es la influencia de los medios de comunicación y, en específico, de los grupos de poder. Cuyo lenguaje de confrontación y de contenido agresivo, proyecta el ejemplo de que la solución de los problemas, pasa por entromparnos físicamente, desarrollar conductas violentas o con acudir al extremo del uso de los instrumentos del arte de la guerra, con los adversarios interno y fuera de las fronteras patrias. O es ocaso, cualquier cosa, que la consigna central del partido de gobierno y del caudillo de Miraflores sea: “Patria, Socialismo o Muerte”.
Así mismo, la politización de los órganos de administración de justicia que, inclina la balanza de que todo el peso de la ley sancionatoria, hacia los supuestos delitos en que han incurrido opositores y disidentes; pero blandenguería e impunidad ante sonados casos contra la cosa pública de actores del oficialismo.
En tal sentido, el sistema de justicia en Venezuela funciona con una clara conducta parcializada, que permea desde los casos más banales hasta los de mayor gravedad. Siendo la impunidad en su conjunto, la reina de todas las injusticias. Cambiar esta concepción distorsionada, es parte de los retos y desafíos de todos venezolanos. ¡Amanecerá y veremos!
lunes, 23 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
"FIN DE MUNDO"...PERO PARA LAS AUTOCRACIAS...
Con este escrito no se trata de reforzar la tesis del predicador gringo Harold Camping, quien asegura que este sábado 21 de mayo se inicia la fase culminante del “fin de mundo”, con un gran terremoto que sacudirá la tierra como nunca en la historia del planeta y que éste será acompañado de otros acontecimientos simbólicos. De esta manera, muchísimos grupos religiosos y no religiosos en el mundo se encuentran a la expectativa de este anuncio.
No obstante, con el debido respeto por este tipo de creencias de los estudiosos de los apocalipsis bíblicos; el “fin de mundo” se aproxima, más bien, es para todas las “autocracias” que vienen causando, años tras años, graves daños a los derechos humanos y a los principios universales de libertad, democracia y verdadera justicia de millones y millones de ciudadanos en todos los continentes.
Los indicadores están a la vista de los ojos avizores de los terremotos y tsunamis sociales en los países árabes (Túnez, Siria, Egipto, Libia, Arabia Saudita, Argelia, Bahréin; entre otros) y ahora al parecer, se extiende a Europa, con los últimos acontecimientos en España y expresiones de solidaridad con manifestaciones de calles en el “viejo continente”. Aún cuando en cada nación se pueden señalar particularidades del fenómeno por razones culturales, religiosas, geopolíticas y hasta socio-políticas; hay un común denominador que destacan en estas masas “indignadas”, como es la lucha por el respeto de los derechos humanos, democracia, libertad, justicia e igualdad.
En América Latina también se sentirá la “indignación” de las masas populares, porque éstas ven pasar la rueda de la historia, sin que haya cambios sustanciales en las condiciones y calidad de vida de las mayorías. La pobreza como una maldición satánica se conserva incólume, mientras las cúpulas del poder político abrazados a dogmas ideo-políticos deshojan las margaritas para determinar los rumbos de sus naciones en pro del “capitalismo neoliberal”, “el capitalismo de estado” o el “socialismo de estado”.
En el caso de Venezuela, que se desliza entre un paradigma de “gorilismo militaroide” y “populismo” ramplón, aderezado con caudillismo y “capitalismo de estado salvaje”; la masa de “indignados” crece como la arena en la playa, porque el deterioro del sistema de vida luce insoportable por los apagones eléctricos, la inseguridad angustiante, los pésimos servicios públicos, el fracaso de los planes de viviendas y; la calidad de la salud y la educación en rueda libre, por una pendiente sin fin.
No obstante lo dicho, no nos cuesta nada preguntarle al predicador Camping, que sí en esas interpretaciones de anuncios del “fin de mundo”,; se encuentra más bien el fin la autocracia “chavecista , con la cual se mantiene la esperanza en vivo de que sea para mediados de 2012. ¡Ojalá ésta se cumpla para bien de todos!.
.
No obstante, con el debido respeto por este tipo de creencias de los estudiosos de los apocalipsis bíblicos; el “fin de mundo” se aproxima, más bien, es para todas las “autocracias” que vienen causando, años tras años, graves daños a los derechos humanos y a los principios universales de libertad, democracia y verdadera justicia de millones y millones de ciudadanos en todos los continentes.
Los indicadores están a la vista de los ojos avizores de los terremotos y tsunamis sociales en los países árabes (Túnez, Siria, Egipto, Libia, Arabia Saudita, Argelia, Bahréin; entre otros) y ahora al parecer, se extiende a Europa, con los últimos acontecimientos en España y expresiones de solidaridad con manifestaciones de calles en el “viejo continente”. Aún cuando en cada nación se pueden señalar particularidades del fenómeno por razones culturales, religiosas, geopolíticas y hasta socio-políticas; hay un común denominador que destacan en estas masas “indignadas”, como es la lucha por el respeto de los derechos humanos, democracia, libertad, justicia e igualdad.
En América Latina también se sentirá la “indignación” de las masas populares, porque éstas ven pasar la rueda de la historia, sin que haya cambios sustanciales en las condiciones y calidad de vida de las mayorías. La pobreza como una maldición satánica se conserva incólume, mientras las cúpulas del poder político abrazados a dogmas ideo-políticos deshojan las margaritas para determinar los rumbos de sus naciones en pro del “capitalismo neoliberal”, “el capitalismo de estado” o el “socialismo de estado”.
En el caso de Venezuela, que se desliza entre un paradigma de “gorilismo militaroide” y “populismo” ramplón, aderezado con caudillismo y “capitalismo de estado salvaje”; la masa de “indignados” crece como la arena en la playa, porque el deterioro del sistema de vida luce insoportable por los apagones eléctricos, la inseguridad angustiante, los pésimos servicios públicos, el fracaso de los planes de viviendas y; la calidad de la salud y la educación en rueda libre, por una pendiente sin fin.
No obstante lo dicho, no nos cuesta nada preguntarle al predicador Camping, que sí en esas interpretaciones de anuncios del “fin de mundo”,; se encuentra más bien el fin la autocracia “chavecista , con la cual se mantiene la esperanza en vivo de que sea para mediados de 2012. ¡Ojalá ésta se cumpla para bien de todos!.
.
viernes, 20 de mayo de 2011
LLUVIAS DESENMASCARAN DRAMA DE LA POBREZA Y LA DEMAGOGIA
La naturaleza, a través de las lluvias profusas, parece empeñada en no dar cuartel a los habitantes de este planeta. La intensidad de éstas en muchas regiones del mundo; incluyendo a Venezuela, ha sobrepasado los límites de las previsiones, control y monitoreo técnico e institucional; para arrasar con fuerza brutal todo lo que consiguen a su paso (personas, animales, viviendas, infraestructuras, sembradíos, vialidad, enseres domésticos; y muchos otras cosas). Los científicos dicen que estas lluvias salvajes y las inmensas inundaciones que producen, estarían asociadas al fenómeno del Efecto Invernadero por la generación de gases hacia la atmósfera, producidos por innumerables actividades humanas de la modernidad sin control, prevención y suma irresponsabilidad.
En Venezuela las consecuencias trágicas de las lluvias intensas están asociadas a otro drama social -la pobreza- aún cuando se pretenda impactar su supuesta disminución, con la frialdad de los números de las estadísticas oficiales. Lo cierto es que, sumando la génesis de la pobreza del ayer, con los números y cualificación de ésta en el hoy; nos presentan este flagelo social intacto, quizás con algún maquillaje novedoso en el rostro, producto del uso hábil de la cosmetología “roja-rojita”. Pero es el universo de los pobres casi los únicos afectados; allá en las cimas de los cerros desprendidos, laderas de quebradas o en las orillas de ríos, cuyas corrientes indetenibles y contaminadas; se llevan al infinito a personas de diferentes edades, los pedazos de ranchos o los pocos enseres domésticos de los “condenados de la tierra”.
De esta manera, los pobres de los ranchos arrasados por el caudal de las aguas, son ahora llevados a los “refugios de la pobreza”, donde se les “militariza la vida” y a través de las migajas del rentismo petrolero les proporcionan los alimentos para la sobrevivencia. Pero éstos también son transformados en los seguros objetos de la codicia electoralista, en aras de la pretendida reelección del mandamás-caudillo de Miraflores. Así el verdadero trasfondo de la consigna oficial - “Vivir Viviendo”-, para los afectados por la tragedia de las lluvias e inundaciones, está supeditada a la indigna “obligación” de sufragar electoralmente por el partido de gobierno. La tragedia de las lluvias, entonces, es a su vez, la tragedia de los venezolanos ante las posturas miserables de los dueños del poder nacional.
En este mismo orden, aprovechando el sufrimiento de los que menos tienen, las posturas demagógicas logran notoriedad por la acción de una prolija campaña mediática oficial, “La Gran Misión Vivienda”, cuyas metas palidecen al record Guinness en demagogia insulsa: 350 mil soluciones habitacionales en menos de dos años, vocifera con desparpajo, el caudillo de Miraflores, cuando ni siquiera en los 12 años en el poder ha logrado sumar esa cifra. No obstante con una habilidad inusual despoja a propietarios privados de complejos habitacionales, terrenos, galpones y cuanto espacio físico se lo presenten ante sus ojos. La miseria de Venezuela, sin duda, es la miseria de quienes nos gobiernan.
Pero, uno siente intacto ese espíritu indoblegable, temerario, rebelde, libertario y democrático del ser venezolano. ¡No podrán despojarnos del orgullo y dignidad de soñar y luchar por un país radicalmente diferente!
En Venezuela las consecuencias trágicas de las lluvias intensas están asociadas a otro drama social -la pobreza- aún cuando se pretenda impactar su supuesta disminución, con la frialdad de los números de las estadísticas oficiales. Lo cierto es que, sumando la génesis de la pobreza del ayer, con los números y cualificación de ésta en el hoy; nos presentan este flagelo social intacto, quizás con algún maquillaje novedoso en el rostro, producto del uso hábil de la cosmetología “roja-rojita”. Pero es el universo de los pobres casi los únicos afectados; allá en las cimas de los cerros desprendidos, laderas de quebradas o en las orillas de ríos, cuyas corrientes indetenibles y contaminadas; se llevan al infinito a personas de diferentes edades, los pedazos de ranchos o los pocos enseres domésticos de los “condenados de la tierra”.
De esta manera, los pobres de los ranchos arrasados por el caudal de las aguas, son ahora llevados a los “refugios de la pobreza”, donde se les “militariza la vida” y a través de las migajas del rentismo petrolero les proporcionan los alimentos para la sobrevivencia. Pero éstos también son transformados en los seguros objetos de la codicia electoralista, en aras de la pretendida reelección del mandamás-caudillo de Miraflores. Así el verdadero trasfondo de la consigna oficial - “Vivir Viviendo”-, para los afectados por la tragedia de las lluvias e inundaciones, está supeditada a la indigna “obligación” de sufragar electoralmente por el partido de gobierno. La tragedia de las lluvias, entonces, es a su vez, la tragedia de los venezolanos ante las posturas miserables de los dueños del poder nacional.
En este mismo orden, aprovechando el sufrimiento de los que menos tienen, las posturas demagógicas logran notoriedad por la acción de una prolija campaña mediática oficial, “La Gran Misión Vivienda”, cuyas metas palidecen al record Guinness en demagogia insulsa: 350 mil soluciones habitacionales en menos de dos años, vocifera con desparpajo, el caudillo de Miraflores, cuando ni siquiera en los 12 años en el poder ha logrado sumar esa cifra. No obstante con una habilidad inusual despoja a propietarios privados de complejos habitacionales, terrenos, galpones y cuanto espacio físico se lo presenten ante sus ojos. La miseria de Venezuela, sin duda, es la miseria de quienes nos gobiernan.
Pero, uno siente intacto ese espíritu indoblegable, temerario, rebelde, libertario y democrático del ser venezolano. ¡No podrán despojarnos del orgullo y dignidad de soñar y luchar por un país radicalmente diferente!
miércoles, 18 de mayo de 2011
CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DEL RENTISMO PETROLERO
Sólo escuchar las exposiciones lánguidas y hasta con rostros tristes de los Ministros de la Economía del “chavecismo” para proporcionarnos las cifras de un 4.5 de crecimiento de la economía en este primer trimestre del año; quienes por el contrario, debieron mostrar alegría y entusiasmo; es una clara evidencia de que se estaba ocultando algo de fondo, lo cual por razones de la politiquería y contenido demagógico de la actual campaña electoral -iniciada con desenfreno por el caudillo de Miraflores-, no se proporcionaría explicación oficial alguna, con la verdad por delante.
Pero como todo sabe en la “villa del señor” o mejor dicho, no se requiere ser un erudito en Economía, porque cualquier ser mundano, medianamente diestro en los análisis lógicos y de la realidad socio-económica del país, se puede dar cuenta que detrás de las cifras del susodicho crecimiento estaban los aumentos considerables por concepto de las ventas de los barriles de petróleo a los países que lo demandaron, especialmente del odiado “imperialismo gringo”. De modo que, ese crecimiento no ha sido producto del concurso del aparato productivo nacional, de los aportes de los productores industriales y del campo, porque éstos –en su mayoría- se encuentran paralizados por varias razones: medidas de expropiaciones, intervenciones u ocupaciones dizque temporales o simplemente porque ningún inversionista, con una “pistola en la cabeza”, se va arriesgar a realizar inversiones de capitales por “amor a la nada”.
Venezuela, como es sabido por todos, todo lo importa de otros países. No estamos produciendo, ni siquiera los rubros agrícolas básicos, para abastecer al mercado nacional por lo antes dicho. Importamos a granel carnes, leche, arroz, maíz, harinas, café, legumbres, frutas; y otros productos. Y como se cuenta con el dinero de la renta petrolera, se mantiene la ilusión de un cuadro de bonanza económica, apoyados por los ingredientes de la coyuntura internacional “a nuestro favor” (la situación difícil del Medio Oriente, especialmente por los conflictos bélicos en pleno desarrollo); lo cual ha disparado los precios del petróleo en el mercado exterior. De esta manera, hasta la cacareada política de “Seguridad Alimentaria” es una quimera, dado de que cada día somos más dependientes en materia alimentaria de otras naciones.
Pero, esa política de importaciones para garantizar la ilusa “Seguridad Alimentaria”, trae consigo otros aspectos colaterales que lesionan los bolsillos de los venezolanos: la inflación. Ésta ha convertido en “sal y agua” los míseros aumentos salariales decretados recientemente por el Ejecutivo Nacional. Los precios de los productos se modifican, hacia arriba, al ritmo de los aumentos en los mercados internacionales. La inflación en Venezuela es la más alta de América Latina y una de las altas del mundo.
Tan grave es la situación socioeconómica del país, que pese a estos precios del petróleo que ronda en los 100 dólares por barril y las cifras oficiales proporcionadas de crecimiento económico, cada rincón de Venezuela parece un polvorín por las protestas sociales y laborales. Las condiciones y calidad de los venezolanos, no están en sintonía con esta bonanza de ocasión, que en todo caso la mayor parte se lo tragará la burocracia estatal, el clientelismo político-partidista rojo-rojito, la “regaladera y viajadera” presidencial, la campaña electoral del partido de gobierno, el derroche a diestra y siniestra, la corrupción y los bolsillos codiciosos de la “boliburguesía”.
Pero como todo sabe en la “villa del señor” o mejor dicho, no se requiere ser un erudito en Economía, porque cualquier ser mundano, medianamente diestro en los análisis lógicos y de la realidad socio-económica del país, se puede dar cuenta que detrás de las cifras del susodicho crecimiento estaban los aumentos considerables por concepto de las ventas de los barriles de petróleo a los países que lo demandaron, especialmente del odiado “imperialismo gringo”. De modo que, ese crecimiento no ha sido producto del concurso del aparato productivo nacional, de los aportes de los productores industriales y del campo, porque éstos –en su mayoría- se encuentran paralizados por varias razones: medidas de expropiaciones, intervenciones u ocupaciones dizque temporales o simplemente porque ningún inversionista, con una “pistola en la cabeza”, se va arriesgar a realizar inversiones de capitales por “amor a la nada”.
Venezuela, como es sabido por todos, todo lo importa de otros países. No estamos produciendo, ni siquiera los rubros agrícolas básicos, para abastecer al mercado nacional por lo antes dicho. Importamos a granel carnes, leche, arroz, maíz, harinas, café, legumbres, frutas; y otros productos. Y como se cuenta con el dinero de la renta petrolera, se mantiene la ilusión de un cuadro de bonanza económica, apoyados por los ingredientes de la coyuntura internacional “a nuestro favor” (la situación difícil del Medio Oriente, especialmente por los conflictos bélicos en pleno desarrollo); lo cual ha disparado los precios del petróleo en el mercado exterior. De esta manera, hasta la cacareada política de “Seguridad Alimentaria” es una quimera, dado de que cada día somos más dependientes en materia alimentaria de otras naciones.
Pero, esa política de importaciones para garantizar la ilusa “Seguridad Alimentaria”, trae consigo otros aspectos colaterales que lesionan los bolsillos de los venezolanos: la inflación. Ésta ha convertido en “sal y agua” los míseros aumentos salariales decretados recientemente por el Ejecutivo Nacional. Los precios de los productos se modifican, hacia arriba, al ritmo de los aumentos en los mercados internacionales. La inflación en Venezuela es la más alta de América Latina y una de las altas del mundo.
Tan grave es la situación socioeconómica del país, que pese a estos precios del petróleo que ronda en los 100 dólares por barril y las cifras oficiales proporcionadas de crecimiento económico, cada rincón de Venezuela parece un polvorín por las protestas sociales y laborales. Las condiciones y calidad de los venezolanos, no están en sintonía con esta bonanza de ocasión, que en todo caso la mayor parte se lo tragará la burocracia estatal, el clientelismo político-partidista rojo-rojito, la “regaladera y viajadera” presidencial, la campaña electoral del partido de gobierno, el derroche a diestra y siniestra, la corrupción y los bolsillos codiciosos de la “boliburguesía”.
sábado, 14 de mayo de 2011
LA SITUACIÓN SOCIAL DEL PAÍS ES PREOCUPANTE
Una verdadera “revolución” tenía que poner el acento, pero de una manera sistemática y constante, en el ámbito social del país; máxime si en esta nación prevalece una situación de pobreza estructural. Dejar las políticas, planes y programas a mitad de camino o dejar que languidezcan por falta de recursos adecuados, por la falta presencial de una gerencia idónea o desviando recursos hacia aspectos no prioritarios como la inversión en armas de guerra o haciendo “regalos alegres dolarizados” a otros países; es por demás un crimen imperdonable.
O peor reorientarlos sólo hacia una porción de la población, manejándolos con criterios partidistas-clientelares y discriminatorios hacia el resto del universo poblacional, por no identificarse esta última con el modo de pensar de la élite que gobierna; es un doble crimen. Es algo así como “lomito” para la casta gobernante e incondicionales y “pellejo” para las mayorías nacionales Y eso es lo que está exactamente pasando en la Venezuela de hoy. La discriminación en el país no sólo es política, también es social.
En este orden, la violencia e inseguridad, como el infierno Luciferino continúa haciendo estragos en la vida y salud de los nacionales: la tasa de homicidios de 48 por 100.000 habitantes para el período 2010 expuesta y aceptada por el mismo gobierno es algo que raya fuera de lo normal según los parámetros internacionales. O los 17.600 homicidios registrados en ese mismo lapso. Amén de puntear, junto a escasos países, con las cifras rojas en América Latina y en todo el planeta. Hay particularidades en relación a este fenómeno graves: la asociación de sectores del “lumpen” con factores del poder gubernamental con propósitos políticos para estimular que se cometan delitos, especialmente hacia los adversarios. O las implicaciones del caso del narcotraficante Makled con la “corruptoautocracia chavecista”.
Así mismo, la inflación y el desabastecimiento, como “caballo de troya” mantienen a la clase media y a los pobres en ascuas y tensión permanente. Por esa razón, ante el aumento pírrico del salario mínimo y a la aplicación inadecuada del tabulador a los trabajadores de salud y educación; la reacción de protesta se expresa en la calle, porque saben que dichos aumentos se convirtieron en “sal y agua” ante la voracidad insaciable de los aumentos de los precios de los productos básicos y no básicos y las tarifas de los servicios públicos. Con la añadidura de los “dolores de cabeza” por la carestía de algunos productos de la dieta diaria (leche, aceite, pañales y artículos de higiene personal) y los que se hallan son de poca calidad. Verbigracia el crecimiento exponencial de los índices inflacionarios, unos de los más altos del mundo, en comparación con los parámetros internacionales.
Sin duda hay un ambiente de un grave deterioro, manifestado además, en las pérdidas de empleos formales por las expropiaciones alegres de empresas y tierras productivas; los apagones de la electricidad programados y no programados en todo el país, por la falta de mantenimiento, inversiones y mala gerencia. Los problemas de abastecimiento de agua en múltiples comunidades; el deterioro de la vialidad y el déficit habitacional por la falta de ejecución de planes, que durmieron los sueños de los justos en esta etapa de la “revolución bonita”. La lista de problemas sociales, pues, es muy larga para continuar abordándola en este escrito.
Por esa razón, aquello de los planes intervencionistas por fuerzas imperiales, aún cuando no deben dejar de considerarse; jamás puede ser la excusa para esconder las responsabilidades políticas e institucionales de un Presidente y de la casta de burócratas del Estado en 12 años continuos de ejercicio absoluto de todo el poder central y de las mayoría de los poderes regionales y locales. ¡Sustituirlos es la consigna, pero con un proyecto de país creíble para generar bienestar; en un ambiente de democracia, libertad y de justicia para todos!
O peor reorientarlos sólo hacia una porción de la población, manejándolos con criterios partidistas-clientelares y discriminatorios hacia el resto del universo poblacional, por no identificarse esta última con el modo de pensar de la élite que gobierna; es un doble crimen. Es algo así como “lomito” para la casta gobernante e incondicionales y “pellejo” para las mayorías nacionales Y eso es lo que está exactamente pasando en la Venezuela de hoy. La discriminación en el país no sólo es política, también es social.
En este orden, la violencia e inseguridad, como el infierno Luciferino continúa haciendo estragos en la vida y salud de los nacionales: la tasa de homicidios de 48 por 100.000 habitantes para el período 2010 expuesta y aceptada por el mismo gobierno es algo que raya fuera de lo normal según los parámetros internacionales. O los 17.600 homicidios registrados en ese mismo lapso. Amén de puntear, junto a escasos países, con las cifras rojas en América Latina y en todo el planeta. Hay particularidades en relación a este fenómeno graves: la asociación de sectores del “lumpen” con factores del poder gubernamental con propósitos políticos para estimular que se cometan delitos, especialmente hacia los adversarios. O las implicaciones del caso del narcotraficante Makled con la “corruptoautocracia chavecista”.
Así mismo, la inflación y el desabastecimiento, como “caballo de troya” mantienen a la clase media y a los pobres en ascuas y tensión permanente. Por esa razón, ante el aumento pírrico del salario mínimo y a la aplicación inadecuada del tabulador a los trabajadores de salud y educación; la reacción de protesta se expresa en la calle, porque saben que dichos aumentos se convirtieron en “sal y agua” ante la voracidad insaciable de los aumentos de los precios de los productos básicos y no básicos y las tarifas de los servicios públicos. Con la añadidura de los “dolores de cabeza” por la carestía de algunos productos de la dieta diaria (leche, aceite, pañales y artículos de higiene personal) y los que se hallan son de poca calidad. Verbigracia el crecimiento exponencial de los índices inflacionarios, unos de los más altos del mundo, en comparación con los parámetros internacionales.
Sin duda hay un ambiente de un grave deterioro, manifestado además, en las pérdidas de empleos formales por las expropiaciones alegres de empresas y tierras productivas; los apagones de la electricidad programados y no programados en todo el país, por la falta de mantenimiento, inversiones y mala gerencia. Los problemas de abastecimiento de agua en múltiples comunidades; el deterioro de la vialidad y el déficit habitacional por la falta de ejecución de planes, que durmieron los sueños de los justos en esta etapa de la “revolución bonita”. La lista de problemas sociales, pues, es muy larga para continuar abordándola en este escrito.
Por esa razón, aquello de los planes intervencionistas por fuerzas imperiales, aún cuando no deben dejar de considerarse; jamás puede ser la excusa para esconder las responsabilidades políticas e institucionales de un Presidente y de la casta de burócratas del Estado en 12 años continuos de ejercicio absoluto de todo el poder central y de las mayoría de los poderes regionales y locales. ¡Sustituirlos es la consigna, pero con un proyecto de país creíble para generar bienestar; en un ambiente de democracia, libertad y de justicia para todos!
viernes, 13 de mayo de 2011
CONJETURAS, "CORRUPTOAUTOCRACIA" Y DELINCUENCIA
Hay muchas coincidencias en los análisis holísticos en relación a la situación socio-política del país, que deberían expresar preocupación entre los miembros de la élite de poder que lo gobierna y, en menor medida por supuesto, en el resto de la sociedad venezolana. No sólo por el tema que nos ocupa; sino también por los contenidos de los comentarios de Miguel Salazar, en el Semanario “Las Verdades de Miguel” (13 al 19 de Mayo de 2011). Mediante los cuales –dice el comunicador social- la “inteligencia extranjera” vaticina la derrota de Chávez en las elecciones de 2012.
Resumo para ustedes lo que él llama “Expediente Chávez”: 1.-Caso Makled, asociado a la conocida “opción Noriega”; relacionándolo con el narcotráfico. 2.- Informe Británico (IISS), asociándola con la opción Gadafi; es decir con el terrorismo. 3.- Los componentes explosivos de la situación interna del país: crisis eléctrica, inflación e inseguridad. Todos ellos, según este periodista, muy bien trabajados por dicha “inteligencia”, pero que –en todo caso- hay un grave descontento social y laboral, donde Chávez y su equipo de gobierno acumulan responsabilidades por errores u omisiones.
Al margen de que estas conjeturas de la supuesta “inteligencia extranjera” tengan asidero o no; lo cierto es que el país parece marchar a la deriva, con muchos elementos de un cuadro de anomia y caos social; a lo cual es la intención de este escrito es poner en evidencia la vinculación sintomática entre la “corruptoautocracia” y la delincuencia social, que azota con fuerza a todos los rincones del país.
Digamos que, la corrupción y la delincuencia, como es la pretensión de los voceros oficiales del “chavecismo” de que es intrínseco al sistema capitalista; no lo son, sino que también pueden ser visibilizados en los denominados “sistemas socialistas”. Y en la Venezuela actual, en la llamada fase de transición del “capitalismo” al “socialismo”, estos fenómenos vienen alcanzando niveles insostenibles.
¿Es ocaso, poca cosa, los 17.500 casos de homicidios en el 2010? ¿O que lideremos las cifras rojas por este flagelo en América Latina y de qué estemos entre los primeros en el mundo? ¿0 que salgamos en toda la prensa mundial por el caso Makled y su estrecha relación entre narcotráfico y los factores del poder estatal? ¿O también que seamos tomados en cuenta en las esferas internacionales por las relaciones de amistad y contubernios entre el genocida Gadafi y el poder autocrático de Miraflores? ¿O de qué los escándalos de corrupción no cesan, por ejemplo, con los casos sonados de los alimentos hallados podridos de PDVAL, con participación de altos funcionarios del gobierno actual? ¿0 el hecho del escándalo de corrupción de altos funcionarios de PDVSA con los fondos de prestaciones sociales de los trabajadores de esa empresa, en bancos importantes de los “odiados gringos”?; y pare usted de contar.
Entonces, si duda, aún cuando lo anterior sea caldo de cultivo para la “inteligencia extranjera”, referida por Miguel Salazar: ¿cuál es la opción? ¿Mantener un silencio cómplice para no incitar a dichas pretensiones extranjeras? O continuar denunciando estos cánceres sociales hasta qué algún día, una generación diferente en el poder muestre en conjunto con el colectivo nacional, una postura radicalmente diferente desde el punto de vista ético, moral y socio-político; ¿o no?
Resumo para ustedes lo que él llama “Expediente Chávez”: 1.-Caso Makled, asociado a la conocida “opción Noriega”; relacionándolo con el narcotráfico. 2.- Informe Británico (IISS), asociándola con la opción Gadafi; es decir con el terrorismo. 3.- Los componentes explosivos de la situación interna del país: crisis eléctrica, inflación e inseguridad. Todos ellos, según este periodista, muy bien trabajados por dicha “inteligencia”, pero que –en todo caso- hay un grave descontento social y laboral, donde Chávez y su equipo de gobierno acumulan responsabilidades por errores u omisiones.
Al margen de que estas conjeturas de la supuesta “inteligencia extranjera” tengan asidero o no; lo cierto es que el país parece marchar a la deriva, con muchos elementos de un cuadro de anomia y caos social; a lo cual es la intención de este escrito es poner en evidencia la vinculación sintomática entre la “corruptoautocracia” y la delincuencia social, que azota con fuerza a todos los rincones del país.
Digamos que, la corrupción y la delincuencia, como es la pretensión de los voceros oficiales del “chavecismo” de que es intrínseco al sistema capitalista; no lo son, sino que también pueden ser visibilizados en los denominados “sistemas socialistas”. Y en la Venezuela actual, en la llamada fase de transición del “capitalismo” al “socialismo”, estos fenómenos vienen alcanzando niveles insostenibles.
¿Es ocaso, poca cosa, los 17.500 casos de homicidios en el 2010? ¿O que lideremos las cifras rojas por este flagelo en América Latina y de qué estemos entre los primeros en el mundo? ¿0 que salgamos en toda la prensa mundial por el caso Makled y su estrecha relación entre narcotráfico y los factores del poder estatal? ¿O también que seamos tomados en cuenta en las esferas internacionales por las relaciones de amistad y contubernios entre el genocida Gadafi y el poder autocrático de Miraflores? ¿O de qué los escándalos de corrupción no cesan, por ejemplo, con los casos sonados de los alimentos hallados podridos de PDVAL, con participación de altos funcionarios del gobierno actual? ¿0 el hecho del escándalo de corrupción de altos funcionarios de PDVSA con los fondos de prestaciones sociales de los trabajadores de esa empresa, en bancos importantes de los “odiados gringos”?; y pare usted de contar.
Entonces, si duda, aún cuando lo anterior sea caldo de cultivo para la “inteligencia extranjera”, referida por Miguel Salazar: ¿cuál es la opción? ¿Mantener un silencio cómplice para no incitar a dichas pretensiones extranjeras? O continuar denunciando estos cánceres sociales hasta qué algún día, una generación diferente en el poder muestre en conjunto con el colectivo nacional, una postura radicalmente diferente desde el punto de vista ético, moral y socio-político; ¿o no?
miércoles, 11 de mayo de 2011
SIN DERECHO A LA VIDA, ¿CÓMO SE VIVE?
El derecho a la vida es lo primario y vital para todo ser humano, por ello las constituciones de los diferentes países del mundo lo consagra. También se contempla el respeto inviolable a ese derecho en las leyes, convenios y acuerdos de carácter internacional. Por lo tanto es un derecho fundamental, irrenunciable e inherente a todas las personas. Éste es la razón básica de los demás derechos.
Pero no tendría sentido –analizando los contenidos- de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos; sólo la protección a la vida e impedir la muerte de una persona; sino también el mal trato, que haga su vida indigna, matándolo poco a poco, o haciendo de su vida un martirio. Y se da como ejemplo las prácticas del Terrorismo de Estado para secuestrar a los adversarios políticos, torturarlos o maltratarlos de diferentes maneras.
Por eso el derecho a la vida se puede resumir en lo contemplado en el Art. 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. O por lo que reza el mismo Preámbulo de la Constitución Bolivariana de Venezuela, donde el derecho a la vida se trata con una visión integral asociado al derecho al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad social sin discriminación alguna.
Pero, del dicho al hecho hay mucho trecho, el derecho a la vida en Venezuela es letra muerta. La violencia y asesinatos de personas es ya un lugar común, a tal punto que este país lidera las cifras rojas de homicidios en América Latina y es uno de los más altas del mundo. Así hasta en las esferas gubernamentales este fenómeno es aceptado, cuando el Ministro de Interior y Justicia, en el más reciente informe a la Asamblea Nacional, dijo que la tasa de homicidio para el 2010 estaba por el orden de una tasa de 48 por 100 mil personas. Y el “Observatorio Venezolano de Violencia”, arrojó cifras de 17. 600 asesinatos en este mismo período. La tasa de homicidios en Venezuela supera la tasa promedio mundial de 8 por 100 mil habitantes y, a la de tasa de los países emblemáticos en climas de violencia como México y Colombia.
En consecuencia el clima de inseguridad en Venezuela se pierde de vista en el infinito, por esa razón no existe encuesta alguna, cuyos resultados no dejen de visibilizar, en primer lugar, a esta problemática. El venezolano común siente que el derecho a la vida no está garantizado en el país. Con una causalidad múltiple es verdad, pero hay una atmósfera de anomia social, en una sociedad donde la impunidad y las injusticias son las reinas de la naturaleza social de los actos criminales.
El terrorismo de estado, opera también con sus múltiples mecanismos represivos, ropajes “lícitos” y discriminatorios para acallar las protestas sociales y políticas. Mientras la vergüenza de la pobreza crónica se mantiene casi intacta, maquillada con las cifras de una gestión gubernamental pésima, que no arroja resultados creíbles y de trascendencia hacia el logro de objetivos de calidad en el ámbito del desarrollo humano.
Este país vive en las penumbras, no sólo por los apagones nacionales a cada momento del sistema eléctrico; sino también porque el derecho a la vivienda, trabajo, cultura, educación, salud, justicia e igualdad; brillan por su ausencia para los venezolanos. Hay élites de la boliburguesía y burocracia Estatal que gozan de privilegios y amasan capitales a su favor, mientras en la otra acera, las grandes mayorías pobres sufren crueles penurias en la protección social a la vida y acumulan mucha desesperanza por alcanzar una vida mejor. ¡Cambiar el rumbo debe ser la consigna nacional!.
Pero no tendría sentido –analizando los contenidos- de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos; sólo la protección a la vida e impedir la muerte de una persona; sino también el mal trato, que haga su vida indigna, matándolo poco a poco, o haciendo de su vida un martirio. Y se da como ejemplo las prácticas del Terrorismo de Estado para secuestrar a los adversarios políticos, torturarlos o maltratarlos de diferentes maneras.
Por eso el derecho a la vida se puede resumir en lo contemplado en el Art. 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. O por lo que reza el mismo Preámbulo de la Constitución Bolivariana de Venezuela, donde el derecho a la vida se trata con una visión integral asociado al derecho al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad social sin discriminación alguna.
Pero, del dicho al hecho hay mucho trecho, el derecho a la vida en Venezuela es letra muerta. La violencia y asesinatos de personas es ya un lugar común, a tal punto que este país lidera las cifras rojas de homicidios en América Latina y es uno de los más altas del mundo. Así hasta en las esferas gubernamentales este fenómeno es aceptado, cuando el Ministro de Interior y Justicia, en el más reciente informe a la Asamblea Nacional, dijo que la tasa de homicidio para el 2010 estaba por el orden de una tasa de 48 por 100 mil personas. Y el “Observatorio Venezolano de Violencia”, arrojó cifras de 17. 600 asesinatos en este mismo período. La tasa de homicidios en Venezuela supera la tasa promedio mundial de 8 por 100 mil habitantes y, a la de tasa de los países emblemáticos en climas de violencia como México y Colombia.
En consecuencia el clima de inseguridad en Venezuela se pierde de vista en el infinito, por esa razón no existe encuesta alguna, cuyos resultados no dejen de visibilizar, en primer lugar, a esta problemática. El venezolano común siente que el derecho a la vida no está garantizado en el país. Con una causalidad múltiple es verdad, pero hay una atmósfera de anomia social, en una sociedad donde la impunidad y las injusticias son las reinas de la naturaleza social de los actos criminales.
El terrorismo de estado, opera también con sus múltiples mecanismos represivos, ropajes “lícitos” y discriminatorios para acallar las protestas sociales y políticas. Mientras la vergüenza de la pobreza crónica se mantiene casi intacta, maquillada con las cifras de una gestión gubernamental pésima, que no arroja resultados creíbles y de trascendencia hacia el logro de objetivos de calidad en el ámbito del desarrollo humano.
Este país vive en las penumbras, no sólo por los apagones nacionales a cada momento del sistema eléctrico; sino también porque el derecho a la vivienda, trabajo, cultura, educación, salud, justicia e igualdad; brillan por su ausencia para los venezolanos. Hay élites de la boliburguesía y burocracia Estatal que gozan de privilegios y amasan capitales a su favor, mientras en la otra acera, las grandes mayorías pobres sufren crueles penurias en la protección social a la vida y acumulan mucha desesperanza por alcanzar una vida mejor. ¡Cambiar el rumbo debe ser la consigna nacional!.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
