lunes, 3 de octubre de 2011

NI RICACHÓN, NI POBRE, NI PENDEJO

Hace algún tiempo un sociólogo de gran prestigio en el campo de la izquierda planetaria, Heinz Dieterich, había advertido de las volteretas ideo-políticas del Comandante barinés ante sus prédicas originarias para el público de galería de ocasión, sintetizadas en la repetitiva, cansona y célebre frase: “Patria, Socialismo y Muerte”. Nada de eso se plantea hoy, si nos acogemos a los crudos análisis del referido intelectual, porque el susodicho, en aras de mantener a como de lugar el poder, por el poder mismo; se abrazó sin miramiento alguno al zumba que zumba que le dictamina el “odiado” imperialismo y la “aborrecible” derecha endógena.

Por eso no es extraño que en el contenido de sus peroratas mediáticas frecuentes de ahora, se encargue de edulcorar o contradecir lo que antes afirmara con pasión prusiana. Por eso ya ser rico no es bueno, pero ser pobre tampoco lo es; dejando a la elucubración humana, que mejor es no ser “pendejo”; que mejor es poner a sus conmilitones donde hay, para que las tetas de los recursos del Estado rentista petrolero, nunca dejen de proveerles la leche pródiga de la riqueza fácil. Sin ética de trabajo y esfuerzo alguno. En el más puro contexto del “socialismo real parasitario”, pues.

Lo cierto es que, releyendo a Víctor Hugo: “Los Miserables”, en uno de sus tantos parágrafos, cuyo contenido es como un latigazo en el rostro de quien prometió y prometió y sólo se quedó en la retórica vacía e insulsa, si la comparamos con la realidad de la Venezuela de hoy: “Este pequeño ser es alegre: no come todos los días…No tiene camisa sobre su cuerpo, ni zapatos en los pies, ni techo la cabeza; es como las moscas del cielo, que no tienen nada de todo esto…Tiene de siete a trece años…lleva un viejo pantalón de su padre que le llega a más allá de los talones, un viejo sombrero de cualquier otro padre…”

O quizás es tan grande el tamaño de la torta del cuento del “mar rojo de la felicidad”, que ante esa tragedia social en que viven los nacionales por los apagones, pésimo servicio de agua potable, inseguridad, desabastecimiento e inflación incontrolable; cloacas desbordadas, vialidad destruida y derrumbe del transporte masivo por los aviones chatarras, trenes chocones y ferrys que no funcionan; que el susodicho no le quedó más remedio que dar la orden a los súbditos del “sálvese quien pueda” del infierno intacto de la pobreza estructural, que será imposible erradicarla o minimizarla, a menos de dos años, de la entrega de su inefable mandato Presidencial en el 2012.

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